
Se llama “Síndrome de Moebius”. Es una rara afección de tipo congénito donde dos nervios craneales, el 6° y el 7 ° no están totalmente desarrollados, lo que causa parálisis facial y falta de movimiento de los músculos de la cara. Sobresale el hecho de que quien lo padece, no puede sonreír.
¡Sonreír! Algo tan simple y que hacemos a menudo, a veces de manera autómata porque es requisito social o para demostrar “educación”; algo que no valoramos porque no tiene precio pero que irónicamente quien sufre este síndrome paga para poder esbozar leves sonrisas; algo que estas personas ven como el tesoro más grande de este mundo.
De un tiempo para acá, he llegado a pensar que “padezco” tal enfermedad, porque mis motivos para sonreír son escasos; y cuando llego a sonreír (porque el que yo ría a carcajadas es cosa poco frecuente), es una sonrisa breve la que aflora mis labios.
No sé si la causa sea afectiva o simple locura, en una nueva y diferente manifestación y forma.
Pretendamos que las hormonas tienen la culpa. Pretendámoslo al menos un instante, aunque yo sepa perfectamente que la realidad es otra.
Si analizas el mundo (sin dejarte influenciar por comerciales baratos de refrescos dañinos)te dará cuenta que el sonreír es un privilegio que pocos pueden darse.
Los dementes, por ejemplo.
¡Sonreír! Algo tan simple y que hacemos a menudo, a veces de manera autómata porque es requisito social o para demostrar “educación”; algo que no valoramos porque no tiene precio pero que irónicamente quien sufre este síndrome paga para poder esbozar leves sonrisas; algo que estas personas ven como el tesoro más grande de este mundo.
De un tiempo para acá, he llegado a pensar que “padezco” tal enfermedad, porque mis motivos para sonreír son escasos; y cuando llego a sonreír (porque el que yo ría a carcajadas es cosa poco frecuente), es una sonrisa breve la que aflora mis labios.
No sé si la causa sea afectiva o simple locura, en una nueva y diferente manifestación y forma.
Pretendamos que las hormonas tienen la culpa. Pretendámoslo al menos un instante, aunque yo sepa perfectamente que la realidad es otra.
Si analizas el mundo (sin dejarte influenciar por comerciales baratos de refrescos dañinos)te dará cuenta que el sonreír es un privilegio que pocos pueden darse.
Los dementes, por ejemplo.
